Nuestro cerebro es un gran consumidor de oxígeno y de glucosa. 

Por eso es importante oxigenarse bien (aprender a respirar de modo óptimo), tener una alimentación rica en hidratos de carbono (sobre todo en azúcares de índice glicémico lento) y tener un sueño de calidad con el fin de poder recuperarse.

Para funcionar bien, el cerebro también necesita una aportación rica en ácidos grasos esenciales, en vitaminas, minerales y oligoelementos. 80 % del cerebro es substancia grasosa, de la cual un 40% es DHA, un ácido graso omega 3, que se encuentra en los peces.

En caso de carencia, pueden presentarse signos de debilidad con cansancio en el momento de un esfuerzo intelectual, disturbios de la memoria o de la concentración

memoria

La nutrición parece desempeñar un papel en la prevención de enfermedades degenerativas, como la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Alzheimer.

Por eso los habitantes de la isla de Okinawa (en la que la alimentación hace referencia en medicina antiedad) tienen una tasa extremadamente baja de estas patologías cerebrales. Hasta a edades avanzadas, tienen un funcionamento cerebral adecuado.

También tienen mucho menos cánceres y enfermedades inflamatorias.